SAN AGUSTIN Archivos | Alfonso Elpidio

LA ENSEÑANZA DE SAN AGUSTIN

la enseñanza de san agustinLa  Enseñanza de San Agustin. San Agustín Dice, se conoce la cosa de que se habla, y no se aprende nada, o bien se ignora, y entonces no se alcanza la significación de las palabras que podrían instruir; de todas formas no se aprende nada. Para mejor comprender a san Agustín en el Capítulo XI de su libro el Maestro señala lo siguiente:      La  Enseñanza  de San Agustin

LA ENSEÑANZA DE SAN AGUSTIN

“Quien me enseña algo es el que presente a mis ojos, o a cualquier sentido del cuerpo, o también a la inteligencia, lo que quiero conocer. Por tanto, con las palabras no aprendemos sino palabras, mejor dicho el sonido y el intrépido de ellas. Porque si todo lo que no es signo no puede ser palabra, aunque haya oído una palabra, no sé sin embargo, que es tal hasta saber que significa. Por tanto, es por el conocimiento de las cosas, por el que se perfecciona el conocimiento de las palabras, y oyendo las palabras, ni palabras se aprenden. Porque no aprendemos las palabras que conocemos, y no podemos confesar haber aprendido las que no conocemos, a no ser percibiendo su significado, que nos viene no por el hecho de oír las voces pronunciadas, sino por el conocimiento de las cosas que significan”.   La  Enseñanza de San Agustin

LA ENSEÑANZA DE SAN AGUSTIN

La Enseñanza de San agustin. Se conoce la cosa, en general, y la enseñanza trae a un conocimiento más preciso; como si se enseñase que es el hombre, y conviniese que de él se sepa algo, a saber, la razón de animal o de substancia o por lo menos del mismo ser, que no puede ser desconocida.    La  Enseñanza de San Agustin

La Enseñanza de San agustin. San Agustín dice como creer que podría instruir mi lenguaje si se me preguntase exponer ante mí lo que yo hablo, lo que yo quiero decir, cuando se trata de lo que percibimos con la mente, esto es, con el conocimiento y la razón, hablamos lo que vemos está presente en la luz interior de la verdad, con que está iluminado y de que goza el que se dice hombre interior; más entonces también el que nos oye conoce lo que yo digo porque él lo contempla, no por mis palabras, si es que lo ve él interiormente y con ojos simples.   La  Enseñanza de San Agustin

La Enseñanza de San agustin. Luego ni a éste, que ve cosas verdaderas, le enseño algo diciéndole verdad, pues aprende, y no por mis palabras, sino por las mismas cosas que Dios le muestra interiormente; por tanto si se le preguntase sobre esas cosas, podría responder. Y hay nada más absurdo que pensar que le enseño con mi locución. A donde es llevado por las palabras, es llevado no por las palabras de las que pregunta, es llevado no por palabras que enseñan, sino por palabras que indagan en relación con su aptitud para comprender la luz interior.  La  Enseñanza  de San Agustin

LA ENSEÑANZA DE SAN AGUSTIN

La Enseñanza de San agustin. San Agustín no niega esta utilidad del lenguaje, la cual dice si se le comprende bien, no es pequeña, más su fin era mostrar el otro aspecto del problema, la independencia del pensamiento y su sumisión directa a la sola luz divina. La  Enseñanza de  San Agustin

La Enseñanza de San agustin. De la memoria dice “Y este poder es de mi espíritu; pertenece a mi naturaleza, y ni yo mismo puedo comprender todo lo que soy. De manera que el espíritu es demasiado estrecho para poseerse a sí mismo”   La  Enseñanza de San Agustin

La Enseñanza de San agustin. Para san Agustín Dios está íntimamente presente en todo; por ende también lo está en la mente. Esta integro en todas partes; en donde se desprende que es en él que la mente vive, se mueve y tiene su ser, y por ende puede recordarlo.  La  Enseñanza de San Agustin

La Enseñanza de San agustin. No lo recuerda como algo experimentado en el pasado. Pero lo recuerda al volver hacia su Señor, como hacia la luz por la cual ha sido tocada en alguna medida hasta cuando se apartada de ella. Luego también el infiel puede concebir la eternidad y hacer juicios verdaderos de aprobación y desaprobación acerca de la conducta humana.  La  Enseñanza de San Agustin

La Enseñanza de San agustin. Pero no ve estas reglas de juicio en su propia naturaleza, aunque indudablemente es por la mente que estas cosas son vistas, es igualmente cierto que la mente es mudable, pero quien quiera que reciba en su mente estas reglas como patrón de conducta, las ve inmutables.  La  Enseñanza  de San Agustin

La Enseñanza de San agustin. Ni se encuentra en ninguna disposición de su mente, ya que estas reglas lo son de lo justo, mientras que su mente es, injusta. Dónde están escritas, pues al menos que estén en el libro de esa luz que llamamos Verdad.  La  Enseñanza de San Agustin

La Enseñanza de San agustin. En esta presencia de Dios en la mente, no menos real por el hecho de ser inconsciente o no reconocida, la que constituye la fuente real de la iluminación, por lo cual el hombre conoce la verdad. Volverse hacia la fuente de la luz es “Recordad a Dios, estar con él, cómo él está con la mente.  La Enseñanza de San Agustin.

LA ENSEÑANZA DE SAN AGUSTIN

La Enseñanza de San agustin. Pero su presencia  en la mente no depende de la presencia de la mente en él, está en ella fundamentalmente y siempre presente, así como su presencia impregna todo lo que existe. La mente humana es privilegiada por encima de otras cosas sólo en que puede volverse libremente hacia esta presencia y reconocerla, o apartarse de ella y olvidarla.  La  Enseñanza  de San Agustin

La Enseñanza de San agustin.  Y en esta presencia de Dios en la mente se funda el perpetuo acceso de su luz en la mente. Así como la presencia de Dios en las cosas, en general, las mantiene en el ser y determina su funcionamiento, así también su presencia en la mente humana determina su funcionamiento, es decir su pensar y su conocer. La  Enseñanza de  San Agustin

La Enseñanza de San agustin. Esta descripción del conocimiento humano no puede ser llamada una teoría del conocimiento. Reducidos sus elementos esenciales afirma que las cosas funcionan de manera propia a ellas, de acuerdo con sus naturalezas, y que la presencia de Dios determina el funcionamiento de todas las cosas, lo cual es tan cierto de la mente como de otros cosas. San Agustín introduce la operación especifica de la presencia divina, la iluminación del ser en su explicación. La  Enseñanza de San Agustin

Lic. H.F. Alfonso Elpidio Sánchez López.

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EL MAESTRO

EL MAESTRO

EL MAESTROEl maestro. La tesis de San Agustín: sobre si un hombre puede enseñar y llamarse MAESTRO, o sólo Dios lo puede. La respuesta a esta interrogante está en armonía con su doctrina agustiniana, inspirándose toda en la psicología de Aristóteles.

La inteligencia, estando al principio en la ignorancia, debe adquirir la ciencia pasando de la potencia al acto; más la causa de este paso no está principalmente fuera del hombre, en los objetos sensibles o en  EL MAESTRO humano; es inmanente al alma y puede hasta pasarse totalmente sin la ayuda de otros hombres. El maestro

El Maestro. Esta potencia activa, fuente en nosotros de la ciencia, es ante todo el entendimiento agente, facultad propia del alma del espíritu diría San Agustín, que es, por consiguiente, una luz intelectual innata; y lo son también los primeros principios, que no son, es verdad, innatos en sentido propio, más que no son tampoco fruto de la enseñanza. El maestro

El Maestro. Es por medio de estos primeros principios que se adquieren las ciencias, extendiendo la luz intelectual a nuevas conclusiones, sea al contacto de la experiencia, sea comparando entre sí las verdades conocidas. El maestro

Ahora bien, esta luz intelectual es una participación de la luz divina de las verdades eternas; y es así como Santo Tomás acepta la conclusión Del MAESTRO:

EL MAESTRO que, ante todo, comunica la ciencia es Dios, que habita dentro de cada uno.

El Maestro. Desde este punto de vista, Santo Tomás precisa algunos argumentos de El Maestro. O bien, dice San Agustín, se conoce la cosa de que se habla, y no se aprende nada, o bien, se ignora, y entonces no se alcanza la significación de las palabras que podrían instruir; de todas formas no se aprende nada. Para mejor comprender a San Agustín en el Capítulo XI, 36 del

El Maestro se señala lo siguiente:

El Maestro. Quien me enseña algo es el que presenta a mis ojos, o a cualquier otro sentido del cuerpo, o también a la inteligencia, lo que quiero conocer. Por tanto, con las palabras no aprendemos sino palabras, mejor dicho, el sonido y el estrépito de ellas. El maestro

Porque si todo lo que no es signo no puede ser palabra, aunque haya oído una palabra, no sé, sin embargo, que es tal hasta saber que significa. El maestro

Por tanto, es por el conocimiento de las cosas por el que se perfecciona el conocimiento de las palabras, y oyendo las palabras, ni palabras se aprenden. El maestro

Porque no aprendemos las palabras que conocemos, y no podemos confesar haber aprendido las que no conocemos, a no ser percibiendo su significado, que nos viene no por el hecho de oír las voces pronunciadas, sino por el conocimiento de las cosas que significan” “San Agustín” San Agustín menciona: El maestro

El Maestro. Cuando se trata de lo que percibimos con la mente, esto es, con el entendimiento y la razón, hablamos lo que vemos está presente en la luz interior de la verdad, conque está iluminado y de que goza el que se dice hombre interior; más entonces también el que nos oye conoce lo que yo digo porque él lo contempla, no por mis palabras, si es que lo ve él interiormente y con ojos simples. Luego ni a éste, que ve cosas verdaderas, le enseño algo diciéndole verdad, pues aprende, y no por mis palabras, sino por las mismas cosas que Dios le muestra interiormente; por tanto, si se le preguntase sobre estas cosas, podría responder. El maestro

Y hay nada más absurdo que pensar que le enseño con mi locución, cuando podía, preguntado, exponer las mismas cosas antes de que yo hablase. Pues lo que sucede muchas veces, que interrogado niegue alguna cosa y se vea obligado con otras preguntas a confesarlo, es por la debilidad de su percepción, incapaz de consultar a aquella luz sobre todo el asunto; se le advierte que lo haga por partes cuando se le pregunta de estas partes de que consta aquel conjunto, al cual considerado así, no podía ver. El maestro

El Maestro. A donde si es llevado por las palabras, es llevado no por las palabras de las que pregunta, es llevado no por palabras que enseñan, sino por palabras que indagan en relación con su aptitud para comprender la luz interior . El maestro

San Agustín no niega esta utilidad del lenguaje, la cual dice si se le comprende bien, no es pequeña, más su fin era mostrar el otro aspecto del problema, la independencia del pensamiento y su sumisión directa a la sola luz divina, y sobre este punto se puede decir que los dos grandes doctores están plenamente de acuerdo. El maestro

El conocimiento derivado de la experiencia, sostiene no puede explicar ciertas proposiciones matemáticas como verdaderas y otras como falsas, pues se realiza tales afirmaciones a pesar de cualquier contradicción de la experiencia. El maestro

La memoria, como dice San Agustín es una facultad de mi alma “Y este poder es de mi espíritu; pertenece a mi naturaleza, y ni yo mismo puedo comprender todo lo que soy. De manera que el espíritu es demasiado estrecho para poseerse a sí mismo” San Agustín, p. 159. 1998).

En este cuadro de la mente que la muestra como no contenida totalmente dentro de sí misma, como capaz de trascender siempre penetra más allá, en las más obscuras profundidades de la memoria y como descubriéndose cada vez a sí misma, la verdad insospechada pero accesible a ella, se intuye un deseo de acercarse al corazón de las ideas.  El maestro

de San Agustín sobre el conocimiento, todas las ideas a priori del mismo, todas las nociones impresas aplicadas en el juicio, están contenidas en la memoria y para San Agustín, Dios mismo está presente en ella y puede ser conocida por el hombre cuando se vuelve a él. El maestro

Su presencia en la mente humana es el fundamento último de la teoría agustiniana del conocimiento a través de la iluminación divina. Dios está íntimamente presente en todo; por ende, también lo está en la mente.  El maestro

EL MAESTRO

Está integro en todas partes; de donde se desprende que es en él que la mente vive, se mueve y tiene su ser, y por ende puede recordarlo. No lo recuerda como algo experimentado en el pasado. El maestro

Pero lo recuerda al volver hacia su Señor, como hacia la luz por la cual había sido tocada en alguna medida hasta cuando se apartaba de ella. Luego también el infiel puede concebir la eternidad y hacer juicios verdaderos de aprobación y Desaprobación acerca de la conducta humana. Pero no ve estas reglas de juicio en su propia naturaleza, aunque indudablemente es por la mente que estas cosas son vistas, es igualmente cierto que la mente que estas cosas son vistas, es igualmente cierto que la mente es mudable, pero quienquiera que reciba en su mente estas reglas como patrón de conducta, las ve inmutables. El maestro

Ni se encuentra en ninguna disposición de su mente, ya que estas reglas lo son de lo justo, mientras que su mente es, injusta. Dónde están escritas, pues, a menos que estén en el libro de esa luz que llamamos verdad. El maestro

Es allí donde se inscriben todas las reglas de lo justo, y de allí pasan al alma del hombre justo, no por transferencia corporal, sino como dejaran su sello en él. En esta presencia de Dios en la mente, no-menos real por el hecho de ser inconsciente o no reconocida, la que constituye la fuente real de la iluminación, por la cual el hombre conoce la verdad.

Volverse hacia la fuente de la luz es “recordar a Dios, estar con él, como él está con la mente. Pero su presencia en la mente no depende de la presencia de la mente en él, está en ella fundamentalmente y siempre presente, así como su presencia impregna todo lo que existe. La mente humana es privilegiada por encima de otras cosas sólo en que puede volverse libremente hacia esta presencia y reconocerla, o apartarse de ella y olvidarla. Y en esta presencia de Dios en la mente se funda el perpetuo acceso de su luz en la mente. Así como la presencia de Dios en las cosas, en general, las mantiene en el ser y determina su funcionamiento, así también su presencia en la mente humana determina su funcionamiento, es decir, su pensar y su conocer. El maestro

EL MAESTRO

El Maestro. Esta descripción del conocimiento humano no puede ser llamada una teoría del conocimiento en el sentido habitual. Reducidas a sus elementos esenciales afirma que las cosas funcionan de manera propias a ellas, de acuerdo con sus naturalezas, y que la presencia de Dios determina el funcionamiento de todas las cosas, lo cual es tan cierto de la mente como de otras cosas. El maestro

El Maestro. Cuándo la descripción de la manera cómo funcionan las cosas se agrega que funcionan en virtud de la presencia operativa de Dios, cabe preguntar si se agrega algo a la descripción de su funcionamiento. En general, ciertamente no; pero en el caso del funcionamiento de la mente, San Agustín tiene que introducir una operación específica de la presencia divina, la iluminación, para poder llenar una laguna muy importante de su explicación. El maestro

El Maestro. Esa laguna, es la misma que debió llenar Platón con el mito de la reminiscencia, lo cual tanto Platón, como San Agustín ubican sus teorías del conocimiento, dentro de una estructura metafísica de gran amplitud y de la cual constituyen una parte fundamental. Esa laguna es la misma. El maestro

El Dialogo Del Maestro.

Condensa en estas palabras breves, su contenido: En él se discute, y se busca, y se demuestra que no hay ningún maestro que enseñe al hombre porque según la palabra de Dios, “Nosotros no tenemos más que un solo. El maestro

MAESTRO , CRISTO”

Lic. H.F. Alfonso Elpidio Sánchez López.

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